viernes, 1 de mayo de 2015

Onceava Carta a Mariela: Mayo, mes del Verdadero Amor.



Buenos días, amor, tenía varios días sin poderte escribir y ha querido Dios que sea hoy, viernes 1 de mayo, puerta al mes dedicado al amor más grande: el amor de Madre, por ello, los cristianos nos unimos para celebrar a María, la siempre Virgen, la madre del Amor, la madre de Dios. Al ser madre de Dios es, lógicamente, madre de todos los hombres. Durante este mes de mayo mis escritos, todos, estarán dedicados a ella que, en cierta medida sería como dedicártelos a ti, ya que eres madre y eres amor, parte de ese amor derramado por Dios en este mundo para que yo te ame amándote sin medida. El amor es y será siempre fuerza unificadora, núcleo de la Trinidad y de la Iglesia, núcleo vital que da vida, vida nueva, a la vida de los seres humanos. Somos los testigos de ese amor del amor. Testigos del amor de Dios, amor perfecto, dulce, suave, paz verdadera y seguridad, como escribe Santa Gertrudis La Grande: amor que eleva a la perfección todas las virtudes y le brinda salud al espíritu.

A ese amor he dedicado mis dos artículos de este fin de semana. El sábado en Monitor 1867 publicarán un pequeño texto sobre la concepción del amor tejida desde la idea del amor en Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares. Cuando Chiara habla de amor de qué está hablando realmente, habla al dinamismo que empuja a todo ser hacia aquello que es un alter, puesto que ese es el dinamismo del amor. No podríamos tener el deseo de Dios o la aspiración hacia lo divino si ello nos fuera absolutamente extraño y ese maravilloso dinamismo muestra su vigencia desde la Trinidad hasta la última partícula elemental de la materia. En tal sentido, Dios es Amor y todas sus implicaciones que, al mismo tiempo –y en Dios nos hay tiempo puesto que es eterno– está más allá de todo dualismo, razón por la cual, Dios es un Amor que está más allá del amor, nos referimos con esto al carácter dual de la concepción humana del amor. El domingo, en Contrapunto, me publicarán el texto “En ti todo se llama amor”. Un texto que busca acercarse al discurso del misticismo cristiano, particularmente a Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa María Magdalena de Pazzi. Un texto que busca degustar desde la palabra, siempre maltrecha, la pureza diáfana de un amor más allá de toda palabra. En ese texto te hago un pequeño homenaje, ya lo leerás.

Dos textos que brotan de cuatro preguntas que ya se hacían los místicos cristianos: ¿este amor es de origen divino o humano?, ¿es acaso una experiencia que el hombre, dominado, experimenta de manera pasiva, o, por el contrario, es una acto de la libertad en la cual el hombre dispone de sí mismo? ¿es acaso fusión con lo Divino y la disolución en su seno, o permite que subsista una distinción entre Dios y el hombre? ¿este amor corta contacto con el mundo o abre una vía de acceso a él? Esas respuesta, supongo, quedarán sujetas a la subjetividad inevitable. En todo caso, lo que me queda bastante claro es que, al menos, para los místicos, el Cantar de los Cantares resulta el texto de donde mana toda el agua que calma esta sed amorosa. De allí parece surgir todo el desbordamiento metafórico que engalanan todos estos textos. Cristo percibido desde el Amante amoroso que busca acariciar el Alma, a la Amante o, si se quiere, a su Iglesia, esposa eterna de este eterno amor. El esposo y la esposa, El Amante y la Amada, tú y yo: el amor que crece desde el amor que crece desde el amor que crece.

“Por el amor de tu amor, escribe Santa Gertrudis de Helfta en sus Ejercicios espirituales, haz que lleve siempre sobre mis hombros el yugo suave y la carga ligera de tus preceptos, que conserve siempre sobre mi pecho, como un ramillete de mirra, la señal de tu santa fe. Así tú permanecerás crucificado para mí, clavado siempre en mi corazón”. Así recibo el mes de mayo, con total apertura amorosa para que un amor más grande que todos los amores me haga parte de sí mismo y me abra a ti, mi esposa, mi abra a los demás y así ser, ya no testigo, sino testimonio de su esencia divina. Celebremos amándonos este mes del amor, este mes de María, nuestra madre, la madre de todos.

Tuyo siempre en el amor de Dios.


Laus Deo. Pax et Bonum