Querida Mariela,
recientemente te escribí acerca del significado del sacrificio y el sufrimiento
para el cristiano. El sufrimiento es purificado por la entrega en el
sacrificio, en la posibilidad de ofrecerlo por amor hacia los demás, así, de
igual manera, nos purificamos nosotros, nos vamos despojando de cuanta cosa nos
va haciendo pesado nuestro caminar. Ahora bien, esto nada vale sin la oración,
puesto que ella es la base donde se sostiene todo el sistema espiritual del
hombre. En los momentos de oración se abre la posibilidad de desafiar a la vida
a través del silencio. Un silencio a través del cual nos lanzamos en la
búsqueda de un sentido, del sentido de nuestra existencia que no es otro más
que reconocernos –y reconocer a los otros– como hijos de Dios. En los momentos
de oración entramos en la posibilidad real de conocer a Dios mientras nos vamos
conociendo. Cuando nos abrimos a ella retomamos nuestra naturaleza dentro de lo
que es verdaderamente permanente, es decir: Dios, a quien miramos, pero no
vemos; escuchamos, pero no oímos; sentimos, pero no tocamos, precisamente allí
es donde desafiamos a la vida.
Dice el salmista que cuando
encomendamos a Dios nuestros afanes, Él nos sustentará y no permitirá jamás que
caigamos. San Agustín nos cuestiona la fe preguntándonos por qué nos
preocupamos si quien nos hizo nos cuida y lo hace desde antes de nuestro
nacimiento. Santa Teresa de Ávila también conoció de esto cuando nos cantaba
que nada debía turbarnos, que nada debía espantarnos, ya que todo se pasa y
Dios, nuestro Señor, no se muda. Nos recuerda que con paciencia y oración todo
puede ser alcanzado, ya que, si tenemos a Dios nada puede faltarnos, ya que él
lo es todo. Cristo, antes de lazarse al
odio de los hombre a través de su amor infinito, vencedor de la muerte, tuvo
largas horas de profunda oración aquella madrugada en el Getsemaní en cuya
profunda oscuridad su condición humana fue puesta a prueba y, gracias a la oración,
a su entrega en la oración, terminó comprendiendo que la Voluntad del Padre tenía
que ser la Voluntad del Hijo. La vida como la entendemos entra en conflicto, ¿cuál
voluntad es la que debemos seguir? ¿la voluntad de Dios o nuestra voluntad?
Teniendo en cuenta que lo que entendemos por nuestra voluntad es realmente la
voluntad del mundo.
Cuando, antes de dormir, tú
y yo nos tomamos de la mano y oramos, ¿el sueño no es más ligero?, ¿acaso la
oscuridad de nuestra habitación no cobra un brillo distinto?, ¿no sientes que
nuestro amor se hace más fuerte? ¿No es igual para todo? Cuando oramos las
palabras que atraviesan el silencio del alma nos van llenando haciendo que nos
sintamos unidos a una fuerza más grande y más antigua. Nos transformamos en
comunidad que arde alegre dentro de una llama de amor viva. Cuando sufrimos y
nos volcamos a la oración aprendemos a reconocer otros valores, ya que el
padecimiento nos empuja a reflexionar, a pensar, a sumergirnos en nosotros
mismos. No, no se trata de regodearnos en el dolor como lo podrían hacer los masoquistas.
El cristiano no ama al dolor ni siente placer con él, de eso no se trata. El ser
humano busca alejarse naturalmente del dolor y el cristiano es un ser humano. Sin
embargo, cuando éste llega, podemos aceptarlo en su dimensión espiritual,
profundizar en él y aprovecharlo como una alternativa para hallar la santidad a
través de la oración. Perseveremos en la oración, aunque humanamente podamos
pensar que es inútil, perseveremos en la oración, ya que ella, nos dice San Josemaría
Escrivá, es siempre fecunda. Recuerda lo que nos enseña el Evangelio: “Pedid y se os
dará: buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide,
recibe; el que busca, halla: y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre
vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra;
o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos,
sabéis dar cosas a vuestros hijos, ¡cuántos más el Padre del cielo dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan” (Lucas 11, 5-13).
Siempre tuyo en el Señor.
Muy bueno. Lo compartiré con mis parientes.
ResponderEliminarExcelente 👍
ResponderEliminarMe hace reflexionar sobre el mensaje del calendario de la cuaresma para el día de hoy: Déjate ser pequeño. Acepta tu pequeñez y evita la soberbia y el orgullo.
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