miércoles, 4 de marzo de 2015

Cuarta Carta a Mariela: Sobre la Santísima Trinidad

Querida mía, estoy ya en mi oficina disfrutando del silencio, ya que no ha llegado nadie. Llegué y adelanté un par de cosas de la Facultad. Luego me dispuse a buscar unas imágenes para algo que se me ocurrió y me tropecé con una iconografía de la Santísima Trinidad que me llevó de un tirón a mi infancia. Esta imagen de la Trinidad la tenía mi abuela en su altar personal y recuerdo que me impactó mucho cuando ella me dijo que esas tres personas eran Dios. ¿Cómo es eso de que esas tres personas eran una sola persona? Mi abuela intentó una explicación que fue inútil, no comprendí aquello. No me resultaba lógico. Nunca dudé de que ese señor de barba blanca era Dios y que el más joven era Jesús, su hijo. Tampoco ponía en duda de que Jesús y Dios, que era el Padre, eran el mismo. En mi cabeza eso parecía estar claro. Mi confusión la desataron verlos en una pintura claramente diferenciados y la presencia de esa paloma blanca que simbolizaba al Espíritu Santo. Mi abuela me habló de armonía, pero no me entraba en la cabeza. En fin, supe de la existencia de la Santísima Trinidad, es decir, de la idea de Dios como uno y trino, aunque no lo comprendía.

Dejé el tema por la paz y la tranquilidad de mi mentalidad frágil hasta que me tropecé de nuevo con él en el Colegio Javier. Allí estuve la primera etapa de mi bachillerato entre 1985 y 1988. Aprendí en sus aulas dos cosas sobre el tema: que la Santísima Trinidad era un misterio y que la Iglesia Católica tenía un catecismo en el cual se le explica a los miembros de la familia universal las verdades de la fe. En el Catecismo de la Iglesia Católica se explica que la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, es la fuente de todos los demás misterios, pero un misterio que no es oscuro, más bien es luz que lo ilumina todo. La Trinidad es un misterio de la fe que sólo se devela desde lo alto, es decir, desde Dios mismo. ¿Cómo se comprenden estos misterios? Se descubren a través del amor que sostiene a la fe. A través de la convicción de que Dios siempre se revela a través del amor, pero de un amor más allá de la comprensión del amor humano. Un amor que nos permite ver la mano del Señor en la historia humana, en nuestra vida, en nuestra cotidianidad. Dios se está manifestando siempre, en todo momento, a cada instante, pues, su amor es sin tiempo ni espacio, es infinito y eterno, es una fuente que siempre está manando ríos de agua viva. Sin embargo, pese al esfuerzo enorme que hicieron las hermanas Marichu, Leila y Teresa, no pude llegar a comprender nada.

Luego me alejé de la fe, aunque no sé si realmente fue así. Llegaron a mi vida Nietzsche y Hesse que me llevaron a pensar en otras cosas. Si bien Nietzsche me empujó apasionadamente hacia su ateísmo y su injusta agresión al Cristianismo –digo injusta, puesto que considero que el pensador alemán no comprendió nunca la fe cristiana–, Hesse, de alguna manera, me retuvo dentro de los límites de la espiritualidad. El creador de El Lobo Estepario tenía una práctica filosófica dentro de la cual armonizaba al Budismo, al Hinduismo y al Cristianismo. Hesse me hizo tropezar con otra visión trinitaria, pero esta vez del espeso pensamiento religioso de la India. Aunque ya la referencia no me hablaba de un Padre, de un Hijo y de un Espíritu Santo, sí me exponían a tres divinidades que conformaban un todo, lo Absoluto: Brahma, Visnú y Siva. Brahma representaba al señor de toda la creación. Visnú el encargado de preservar la vida y el destino de los seres humanos. Siva era el destructor y dios del tiempo. Si bien es cierto, no es muy semejante a la Trinidad cristiana, estas tres divinidades hindúes me abrieron a la posibilidad de comprender un concepto que nos puede guiar muy bien: comunidad. Estas tres figuras de la sabiduría espiritual de la India funcionan en comunidad.

El tiempo pasó. Volví a la fe cristiana y en estos primeros años he intentado responder y aclarar las dudas del pasado, entre ellas, la Santísima Trinidad. Lo curioso es que la respuesta siempre estuvo delante de mí, pero, lógicamente, no se me revelaba por no dejarme llevar del amor que viene de arriba. Mi vida, nuestra familia es una revelación de la Santísima Trinidad. La familia en armonía siempre será un reflejo de la Trinidad. Allí se desnuda aquella explicación de mi abuela. La Trinidad se revela en el corazón de la familia por medio de la armonía. Sólo esa armonía permite el funcionamiento amoroso de la Trinidad. Esa armonía, que ahora comprendo es Dios, permite que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo funcionen como una misma cosa. Por eso la Iglesia nos dice que “Uno es Dios y Padre de quien proceden todas las cosas, uno solo es el Señor, Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y uno el Espíritu Santo en quien son todas las cosas”. Ahora, es el amor y no otra cosa lo que brinda armonía a la Trinidad. El amor es la armonía de la armonía: Dios es Amor. Sólo a través del amor se explica y se comprende el funcionamiento del Padre, del Hijo y del Espíritu. El amor se desliza de uno a otro y los unifica en un mismo bloque amoroso, en una especie de cascada transparente que cae sobre todos por igual. Aquí comprendí aquello que tanto les costó hacerme entender a las hermanas del Colegio.

El amor es un acto personal sustentado en un misterio y Dios es la fuente de ese misterio. Un misterio que reúne a las partes y las hacen una sola cosa. Tú y yo somos esposos, hermanos y amantes. Amantes en un amor que va más allá de lo meramente humano, de lo temporal. Amantes en un amor que nos transforma en una misma moneda con dos caras. Amantes en un amor que descubre el placer, no en el placer mismo, no en el gozo mismo, sino en la totalidad del otro que es la persona amada. Amantes en un amor que nos abre a la posibilidad cierta de ser amantes de nuestros hijos y cuyo objetivo es que nuestros hijos nos vean como personas amadas y así confundirnos en un mismo amor que nos transforme en una sola persona aunque seamos cuatro personas. Ese amor nos desnuda en comunidad. Nuestra familia se descubre en comunidad, ya que será reflejo de un Dios que son tres en uno solo, es uno y trino, reflejo de un Dios que nos brinda en su amor su rostro comunitario: Dios es comunidad. Dios es comunión. Dios es familia y nuestra familia es Dios. Aquí comprendí lo que me contaba Hesse en sus libros: Padre, Hijo y Espíritu son una comunidad amorosa en constante fricción, esa fricción despierta una llama, esa llama es una llama de amor viva, esa llama de amor viva es Dios.

Ahora, todo esto fue descubierto en mi corazón junto a ti, Miranda y Sebastián, es decir, en familia. En nuestra experiencia de familia se nos revela el misterio de la Trinidad y lo ha hecho siempre. Lo hace en los momentos de alegría y plenitud gozosa, pero también lo hace en la dificultad y el dolor profundo. Por eso hemos salido airosos en todo momento. Por eso hemos sido victoriosos pese a todo. En nosotros arde la imagen de un ser que son tres vencedores de la muerte. En nosotros se refleja la Santísima Trinidad y nuestra tarea como pareja, como familia es que, desde nuestra fe, desde esta comprensión primordial de la vida familiar, la llevemos a otros, pero no sólo de palabra, sino de acción, que tengamos el amor suficiente para que seamos reflejos de un amor mayor, mucho más antiguo, de un amor originario. Esa es la invitación que te hago, que me hago. Nuestro Dios, es decir, la Santísima Trinidad, es la única divinidad que nos busca, que sale a nuestro encuentro, que, como aquella hermosa parábola de Cristo, no espera a que entremos a la casa, sale, corre pleno de alegría a recibirnos en sus brazos inflamados de amor. Luchemos por mantenernos en el corazón trinitario de nuestra fe, pero con la finalidad de que sepamos propagarla a otros, ya que, el amor de Dios no se nos da para consumirnos egoístamente en él. Somos capaces de crear amor como el Padre. Somos capaces de encarnar ese amor y llevarlo a otros como el Hijo. Somos capaces de mantener vivo ese amor en nosotros y en los otros como el Espíritu Santo. Todo hombre es capaz de Dios. Toda familia es capaz de Dios. ¿Vamos?  


Te amo trinitariamente.

1 comentario: