Querida mía, estoy ya en mi
oficina disfrutando del silencio, ya que no ha llegado nadie. Llegué y adelanté
un par de cosas de la Facultad. Luego me dispuse a buscar unas imágenes para
algo que se me ocurrió y me tropecé con una iconografía de la Santísima
Trinidad que me llevó de un tirón a mi infancia. Esta imagen de la Trinidad la
tenía mi abuela en su altar personal y recuerdo que me impactó mucho cuando
ella me dijo que esas tres personas eran Dios. ¿Cómo es eso de que esas tres
personas eran una sola persona? Mi abuela intentó una explicación que fue
inútil, no comprendí aquello. No me resultaba lógico. Nunca dudé de que ese
señor de barba blanca era Dios y que el más joven era Jesús, su hijo. Tampoco ponía
en duda de que Jesús y Dios, que era el Padre, eran el mismo. En mi cabeza eso
parecía estar claro. Mi confusión la desataron verlos en una pintura claramente
diferenciados y la presencia de esa paloma blanca que simbolizaba al Espíritu
Santo. Mi abuela me habló de armonía, pero no me entraba en la cabeza. En fin,
supe de la existencia de la Santísima Trinidad, es decir, de la idea de Dios
como uno y trino, aunque no lo comprendía.
Dejé el tema por la paz y la
tranquilidad de mi mentalidad frágil hasta que me tropecé de nuevo con él en el
Colegio Javier. Allí estuve la primera etapa de mi bachillerato entre 1985 y
1988. Aprendí en sus aulas dos cosas sobre el tema: que la Santísima Trinidad
era un misterio y que la Iglesia Católica tenía un catecismo en el cual se le
explica a los miembros de la familia universal las verdades de la fe. En el
Catecismo de la Iglesia Católica se explica que la Santísima Trinidad es el
misterio central de la fe y de la vida cristiana, es la fuente de todos los
demás misterios, pero un misterio que no es oscuro, más bien es luz que lo
ilumina todo. La Trinidad es un misterio de la fe que sólo se devela desde lo
alto, es decir, desde Dios mismo. ¿Cómo se comprenden estos misterios? Se descubren
a través del amor que sostiene a la fe. A través de la convicción de que Dios
siempre se revela a través del amor, pero de un amor más allá de la comprensión
del amor humano. Un amor que nos permite ver la mano del Señor en la historia
humana, en nuestra vida, en nuestra cotidianidad. Dios se está manifestando
siempre, en todo momento, a cada instante, pues, su amor es sin tiempo ni
espacio, es infinito y eterno, es una fuente que siempre está manando ríos de
agua viva. Sin embargo, pese al esfuerzo enorme que hicieron las hermanas
Marichu, Leila y Teresa, no pude llegar a comprender nada.
Luego me alejé de la fe, aunque
no sé si realmente fue así. Llegaron a mi vida Nietzsche y Hesse que me
llevaron a pensar en otras cosas. Si bien Nietzsche me empujó apasionadamente
hacia su ateísmo y su injusta agresión al Cristianismo –digo injusta, puesto
que considero que el pensador alemán no comprendió nunca la fe cristiana–,
Hesse, de alguna manera, me retuvo dentro de los límites de la espiritualidad. El
creador de El Lobo Estepario tenía una práctica filosófica dentro de la cual
armonizaba al Budismo, al Hinduismo y al Cristianismo. Hesse me hizo tropezar
con otra visión trinitaria, pero esta vez del espeso pensamiento religioso de
la India. Aunque ya la referencia no me hablaba de un Padre, de un Hijo y de un
Espíritu Santo, sí me exponían a tres divinidades que conformaban un todo, lo
Absoluto: Brahma, Visnú y Siva. Brahma representaba al señor de toda la
creación. Visnú el encargado de preservar la vida y el destino de los seres
humanos. Siva era el destructor y dios del tiempo. Si bien es cierto, no es muy
semejante a la Trinidad cristiana, estas tres divinidades hindúes me abrieron a
la posibilidad de comprender un concepto que nos puede guiar muy bien:
comunidad. Estas tres figuras de la sabiduría espiritual de la India funcionan
en comunidad.
El tiempo pasó. Volví a la fe
cristiana y en estos primeros años he intentado responder y aclarar las dudas
del pasado, entre ellas, la Santísima Trinidad. Lo curioso es que la respuesta
siempre estuvo delante de mí, pero, lógicamente, no se me revelaba por no
dejarme llevar del amor que viene de arriba. Mi vida, nuestra familia es una
revelación de la Santísima Trinidad. La familia en armonía siempre será un
reflejo de la Trinidad. Allí se desnuda aquella explicación de mi abuela. La Trinidad
se revela en el corazón de la familia por medio de la armonía. Sólo esa armonía
permite el funcionamiento amoroso de la Trinidad. Esa armonía, que ahora
comprendo es Dios, permite que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo funcionen
como una misma cosa. Por eso la Iglesia nos dice que “Uno es Dios y Padre de
quien proceden todas las cosas, uno solo es el Señor, Jesucristo, por el cual
son todas las cosas, y uno el Espíritu Santo en quien son todas las cosas”. Ahora,
es el amor y no otra cosa lo que brinda armonía a la Trinidad. El amor es la
armonía de la armonía: Dios es Amor. Sólo a través del amor se explica y se
comprende el funcionamiento del Padre, del Hijo y del Espíritu. El amor se
desliza de uno a otro y los unifica en un mismo bloque amoroso, en una especie
de cascada transparente que cae sobre todos por igual. Aquí comprendí aquello
que tanto les costó hacerme entender a las hermanas del Colegio.
El amor es un acto personal
sustentado en un misterio y Dios es la fuente de ese misterio. Un misterio que
reúne a las partes y las hacen una sola cosa. Tú y yo somos esposos, hermanos y
amantes. Amantes en un amor que va más allá de lo meramente humano, de lo
temporal. Amantes en un amor que nos transforma en una misma moneda con dos
caras. Amantes en un amor que descubre el placer, no en el placer mismo, no en
el gozo mismo, sino en la totalidad del otro que es la persona amada. Amantes en
un amor que nos abre a la posibilidad cierta de ser amantes de nuestros hijos y
cuyo objetivo es que nuestros hijos nos vean como personas amadas y así
confundirnos en un mismo amor que nos transforme en una sola persona aunque
seamos cuatro personas. Ese amor nos desnuda en comunidad. Nuestra familia se
descubre en comunidad, ya que será reflejo de un Dios que son tres en uno solo,
es uno y trino, reflejo de un Dios que nos brinda en su amor su rostro
comunitario: Dios es comunidad. Dios es comunión. Dios es familia y nuestra
familia es Dios. Aquí comprendí lo que me contaba Hesse en sus libros: Padre,
Hijo y Espíritu son una comunidad amorosa en constante fricción, esa fricción
despierta una llama, esa llama es una llama de amor viva, esa llama de amor
viva es Dios.
Ahora, todo esto fue descubierto
en mi corazón junto a ti, Miranda y Sebastián, es decir, en familia. En nuestra
experiencia de familia se nos revela el misterio de la Trinidad y lo ha hecho
siempre. Lo hace en los momentos de alegría y plenitud gozosa, pero también lo
hace en la dificultad y el dolor profundo. Por eso hemos salido airosos en todo
momento. Por eso hemos sido victoriosos pese a todo. En nosotros arde la imagen
de un ser que son tres vencedores de la muerte. En nosotros se refleja la
Santísima Trinidad y nuestra tarea como pareja, como familia es que, desde
nuestra fe, desde esta comprensión primordial de la vida familiar, la llevemos
a otros, pero no sólo de palabra, sino de acción, que tengamos el amor
suficiente para que seamos reflejos de un amor mayor, mucho más antiguo, de un
amor originario. Esa es la invitación que te hago, que me hago. Nuestro Dios,
es decir, la Santísima Trinidad, es la única divinidad que nos busca, que sale
a nuestro encuentro, que, como aquella hermosa parábola de Cristo, no espera a
que entremos a la casa, sale, corre pleno de alegría a recibirnos en sus brazos
inflamados de amor. Luchemos por mantenernos en el corazón trinitario de
nuestra fe, pero con la finalidad de que sepamos propagarla a otros, ya que, el
amor de Dios no se nos da para consumirnos egoístamente en él. Somos capaces de
crear amor como el Padre. Somos capaces de encarnar ese amor y llevarlo a otros
como el Hijo. Somos capaces de mantener vivo ese amor en nosotros y en los
otros como el Espíritu Santo. Todo hombre es capaz de Dios. Toda familia es
capaz de Dios. ¿Vamos?
Te amo trinitariamente.

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar