Querida Mariela,
estamos comenzando a caminar hacia el corazón de la Semana Santa, hoy es Martes
Santo y, como cristianos, nos corresponde hoy exaltar el valor central y
profundo de la Cruz. En muchos lugares veremos, o debemos ver, cómo se exalta
el crucifijo. Según la liturgia cristiana, hoy conmemoramos el día en el cual
Judas traiciona a Cristo. Como todos los años, como siempre desde siempre, por
la televisión circulan y circulan documentales sobre estos días en la vida de
Jesús. Documentales cada vez más sospechosos. Por ahí anda uno preguntándose
quién mató a Cristo. No sé cuál será la finalidad de ellos, en especial porque
siento que no se logra ver lo esencial de la Pasión del Señor. En fin, lo
importante y la razón de estas líneas es recordar el valor y significado de la
Cruz en la vida del cristiano. Así que aprovecharé para darte mi opinión sobre
una frase que hemos escuchado mucho, pero me temo desde un sentido incorrecto:
el matrimonio es una cruz.
Creo firmemente, más
aun hoy, que el matrimonio es una cruz, pero no en el sentido que popularmente
se le da, que, como siempre, termina diluyéndose en cosas insustanciales y
mundanas. Cuando se afirma que el matrimonio es una cruz se piensa desde la
idea de que es un sacrificio inhumano, brutal, ajeno a la felicidad que se
supone depara la vida en pareja, si es que esa felicidad es concebida hoy como
felicidad plena. De hecho, debo reconocer que, en algún momento, también me
hice eco de estas voces que oscurecen más que aclarar. Voces que han venido desmantelando
en el corazón de hombres y mujeres el valor real de la sacralidad del
matrimonio. El matrimonio es una cruz y por ello hay que huir de él, puesto que,
primero que todo, hay que garantizar la satisfacción hedonista del individuo
sostenida sobre la base de una concepción simplona de libertad personal. Libertad
que se reduce a una idea banal de hacer lo que me plazca como si todo lo que
hay en el mundo está sólo para mí y para mi satisfacción. La pareja se obnubila
y se quebranta rebajando su condición de personas que se aman a individuos que
se brindan placeres temporales. Una vez satisfechos estos placeres, por lo general
emanados de una concepción del cuerpo y de la carne vacío de contenido transcendental,
vienen las frustraciones, los enfriamientos, la soledad acompañada por otra
soledad y el fin de un amor que nunca fue.
El matrimonio es una
cruz, lo es, lo es desde la raíz, lo es desde que, por un amor más allá de toda
comprensión, un hombre se ofreció para brindar la vida eterna a todos los demás
hombres. La cruz no es un martirio que conduce a la muerte. La cruz es madera
tomada del árbol de la vida, de la vida más allá de toda vida. La cruz es
madera del árbol de la vida regado por ríos de agua viva desbocados de la
fuente donde transpira el amor más profundo. La cruz es vida, vida, vida. Por
ello, para los cristianos, la cruz es vida y amor, entrega y pasión, comunión,
incendio de amor, itinerario hacia el alma de Dios, consagración hacia una vida
plena más allá de la muerte y más. ¿Acaso no es algo semejante el matrimonio? La
cruz es una puerta hacia una dimensión de mayor plenitud amorosa. La cruz es un
instante en manos de la muerte, pero unas manos que no pueden detener el ímpetu
sagrado de la vida. El matrimonio es una cruz, pues, en muchos casos, toca
morir para dar vida a algo mucho mayor: muere lo individual para que respire la
armonía de la comunidad, de la pareja.
El matrimonio es una
cruz, ya que en ella está la vida y el consuelo, dirá Santa Teresa, es el camino
hacia el cielo. Es una cruz, pues hay una renuncia a sí mismo. Es una cruz,
pues, como escribiera San Pablo a los corintios, es
una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros-
es fuerza de Dios. El matrimonio es una cruz, pues, a través en él, por
medio de él, podemos brindarle a las cosas, a todas las cosas, un sentido
divino y el matrimonio, lo decía San Josemaría Escrivá de Balaguer, es una
vocación divina.
Mariela,
el matrimonio quizás no sea una cruz después de todo, quizás sea yo el necio
que quiere verlo así, entonces, el matrimonio para mí es una cruz, ya que, a
través de ella, de la cruz, he logrado comprender, aunque no sepa cómo
explicar, el sentido real, verdadero y pleno de lo que es el amor. Tú eres mi cruz,
ya que, tú eres el camino por medio del cual puedo mostrar al mundo, mostrarte
y mostrarme el indescriptible amor que Dios me tiene, a pesar de todo.
El
matrimonio es una cruz y te pido perdón por todos los momentos en que lo olvidé
o lo ignoré. Te pido perdón por haberme descuidado. Te pido perdón porque te
amo y porque, lo tengo muy claro, tú eres el camino que me lleva todos los días
a la posibilidad de ser perfecto como perfecto es el Padre.
Te amo
desde la cruz que es la vida, la verdad, el amor y la plenitud.

Entonces Jesús dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Mateo 16:24.
ResponderEliminar¿Qué significa la Cruz? ..... he ahí el detalle.
Grande Profe...gracias!